El partido en la Ciudad Deportiva nos dejó un sabor amargo. La Reserva, en un clásico que se siente en cada rincón, no pudo revertir el resultado y terminó cayendo 0-1 ante Huracán. La bronca es inmensa, porque un clásico se juega de otra manera, se deja la piel.
Es una derrota que duele, no hay que esconderlo. Los pibes lo intentaron, pero no pudieron encontrar el camino para llegar al gol. El resultado final no refleja la lucha, pero sí el marcador. Ahora, a levantar cabeza, a pensar en el próximo partido y a demostrar que este traspié no va a ser nada más que eso.
